Comunicación consciente
¿Te has fijado en las cosas que te dices cuando te equivocas? La mente puede convertirse en un viento helado que arrasa con nuestra confianza, repitiendo una y otra vez conversaciones del pasado o escenarios catastróficos del futuro. Las palabras tienen poder, e incluso aquellas que no dices en voz alta van moldeando tu realidad.
El aire que respiras está lleno de ideas, pero tú eliges cuáles dejas entrar a tu casa mental para alimentarlas. Y es desde tu realidad, perspectiva y creencias lo que vas a expresar tanto física como verbalmente, pero siempre debes expresar, quedarse callado (a) estanca toda esa energía de aquellas palabras o pensamientos que con el tiempo terminan enfermando. Solo procura entregar tu mensaje con honestidad, calma (sin reacciones desbordadas por la emoción) y a la persona correcta. El cómo reciba tu mensaje la otra persona también dependerá de sus perspectivas y creencias, solo tienes el control de cómo tu te expresas, si lo haces desde tu verdad entonces permite que eso te de paz.
Cuando no sepas si estás en coherencia con lo que dices y lo que sientes puedes escuchar tu cuerpo; siéntate, cierra los ojos y observa que sientes, ¿tu respiración es muy corta o agitada? ¿Tienes tensión en el cuello o espalda? ¿Haces movimientos repetitivos sin darte cuenta? ¿Te muerdes los labios? Respira profundo y busca una forma de expresar, puedes escribir, puedes cantar, dibujar, bailar, lo que tu quieras pero debes liberar cualquier emoción reprimida.

Preguntas para tu reflexión y evolución
- ¿hablo lo que pienso o lo que otros quieren escuchar?
- ¿suelo elegir callar y guardarme lo que siento o pienso?
- ¿cuando expreso lo hago sin filtros, desbordada en la emoción?
- ¿entrego mi mensaje a la persona correcta o un otro solo para desahogarme?
- ¿lo que digo es coherente con quien soy?
- ¿lo que muestro al expresarme (vestir, maquillar o peinar) es coherente con quien soy?
- ¿hablo desde la verdad de mi sentir o a través de la manipulación?

Tu mensaje de valor hoy:
Haz una pausa y observa tu respiración. Si notas que tus pensamientos van a mil por hora, inhala profundo y exhala el aire con un suspiro largo. Antes de hablarte con dureza, pregúntate: ¿Le diría esto a alguien que amo? Si la respuesta es no, cambia el viento por una brisa de amabilidad. Y si vas a hablar a un otro, pregúntate: ¿digo esto con claridad o con miedo? Si la respuesta es miedo, respira profundo y replantea tu relato.
Tienes el poder de elegir siempre.

